• Anna Cabré-Verdiell Bosch

- La Espera -

PENSAMIENTOS AISLADOS, ENTRADA Nº8




Me sentaba a escribir cuando he oído que cerraban la persiana. No es la primera vez que me pasa, es como si me olieran. Me pregunto si se trata de un hecho desafortunado o de uno malintencionado.

Esta gente no responde a horarios, trabaja a demanda. A veces hacen como que no están, pero siguen ahí adentro rumiando, improvisando, jugando con esto, con lo otro y con lo de más allá. Así que me digo ‘voy a pasarme, por si las moscas’.

Zigzagueo de esquina a esquina hasta que en un último giro a la derecha me planto delante del local. Por las rendijas de la persiana sale una chispa de luz. Hay alguien dentro. Me dispongo a llamar cuando una voz me advierte: ‘No seas ingenua, ¡no llames! Sabes que por las buenas nunca te funciona’; juraría que es la voz de la experiencia. Asiento y reacciono. Encuentro la puerta de la trastienda; está abierta. Un corredor oscuro conduce desde la puerta hacia los adentros. A cada lado, estanterías abarrotadas alcanzan el techo. Avanzo en lo que parece un cementerio de ideas abandonadas, cuadernos viejos, confeti y proyectos fracasados. Con cada paso pierdo oscuridad y gano terreno. Así, de puntillas, me aventuro dentro de la habitación principal.

Encima del escritorio, bajo la chispeante luz, la veo. Es pequeñita pero se la ve en forma. No es despampanante aunque tiene potencial para llegar a ser resultona; eso dependerá del proceso al que se la someta. Unos miles de millones de empleados trabajan a su alrededor; la están gestando. Se impulsan eléctricamente los unos contra los otros, alimentando así a la enana.

Lejos de arrebatármela, creo que lo que intentan es dejarla crecer lo suficiente como para que merezca la pena.

Deshago uno a uno los pasos andados a través del lúgubre corredor de las ideas, las libretas y los proyectos descartados. Me encuentro de vuelta en el callejón, dispuesta a recorrer el camino de la vergüenza. Me aseguro de cerrar y en la puerta leo ‘Departamento Creativo - Hemisferio Derecho’.

Zigzagueo de esquina a esquina hasta que en un último giro a la izquierda llego a la frontera; a un paso del lenguaje y la escritura.

Ya de vuelta, me siento de nuevo, esta vez a esperar. Quiero estar lista para escribirla cuando llegue el momento y le vea la carita a mi diminuta y atlética nueva idea.



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